La hornacina de la Casa de la Manita, joya barroca y símbolo de leyendas en el Centro Histórico
Este emblemático nicho novohispano ubicado en La Merced es considerado uno de los más bellos y enigmáticos de la Ciudad de México

La hornacina de la Casa de la Manita, ubicada en La Merced, destaca como uno de los elementos arquitectónicos más emblemáticos del Centro Histórico de la Ciudad de México por su estilo barroco y las leyendas que la rodean.
Las hornacinas forman parte de los elementos arquitectónicos más representativos de la época virreinal en México. Se trata de nichos construidos en muros y fachadas donde tradicionalmente se colocaban imágenes religiosas, esculturas y figuras decorativas.
Durante siglos, estos espacios adornaron templos, casonas y calles de ciudades como la Ciudad de México y Puebla, convirtiéndose en símbolos de la arquitectura novohispana.
Su diseño evolucionó con el paso del tiempo, transitando desde influencias góticas y barrocas hasta estilos churriguerescos y neoclásicos que marcaron el desarrollo artístico de la Nueva España.
La Casa de la Manita conserva una de las hornacinas más famosas
En pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, específicamente en la zona de La Merced, se encuentra la conocida Casa de la Manita, inmueble que alberga una de las hornacinas más reconocidas y mejor conservadas de la capital.
El conjunto arquitectónico destaca por su estilo barroco churrigueresco y por integrar el nicho religioso directamente en la esquina del edificio, detalle que le da gran valor artístico y urbano.
La figura principal que preside la hornacina es San José, rodeado por ornamentación tallada que mezcla elementos de distintas épocas arquitectónicas.
Especialistas consideran que algunas partes del conjunto podrían datar del siglo XVII, mientras que otros elementos fueron añadidos durante los siglos XVIII y XIX.
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El origen de la famosa “manita”
Uno de los aspectos más llamativos del inmueble es la presencia de una mano esculpida bajo la hornacina, detalle que dio origen al nombre popular de la casa y a diversas leyendas urbanas.
De acuerdo con una de las versiones más conocidas, un comerciante habría castigado a un empleado acusado de robo amputándole la mano y exhibiéndola públicamente como advertencia.
Otra historia señala que la extremidad pertenecía a un delincuente sorprendido robando en el antiguo Convento de la Merced y posteriormente castigado por las autoridades de la época.
Aunque no existe evidencia histórica definitiva sobre estos relatos, la leyenda se ha mantenido viva entre habitantes y visitantes del Centro Histórico.
La hornacina de la Casa de la Manita continúa siendo considerada una de las más bellas de la Ciudad de México gracias a su riqueza ornamental y al misterio que rodea su historia.
Además de su importancia arquitectónica, el sitio se ha convertido en un atractivo turístico y cultural para quienes recorren las calles del primer cuadro capitalino en busca de vestigios del pasado virreinal.




