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Torre Latinoamericana cumple 70 años como símbolo histórico y arquitectónico de la Ciudad de México

El emblemático rascacielos capitalino celebra siete décadas destacando por su innovación, resistencia sísmica y legado urbano

Turismo | 13/05/2026| 09:19

La Torre Latinoamericana celebró 70 años de historia consolidada como uno de los edificios más representativos de la Ciudad de México. Su innovador diseño estructural y capacidad para resistir grandes terremotos la convirtieron en un referente mundial de la ingeniería y en un ícono del paisaje capitalino.

La Torre Latinoamericana llegó a sus 70 años de existencia manteniéndose como uno de los edificios más emblemáticos del Centro Histórico de la Ciudad de México y uno de los mayores símbolos de modernidad del país.

El aniversario fue celebrado con un espectáculo de pirotecnia lanzado desde la cima del edificio, coincidiendo con las actividades masivas organizadas en el Zócalo capitalino por el Día del Niño.

Ubicada en la esquina de Francisco I. Madero y Eje Central Lázaro Cárdenas, la torre abrió oficialmente sus puertas el 30 de abril de 1956, impulsada por la empresa La Latinoamericana Seguros de Vida, que financió el proyecto y dio nombre al inmueble.

Con 44 pisos y una altura de 182 metros, el edificio se convirtió en su momento en el más alto de México y de América Latina, además de posicionarse entre los rascacielos más importantes del mundo.

Un proyecto pionero de la ingeniería moderna

La construcción comenzó en 1948 bajo la dirección del arquitecto Augusto H. Álvarez y los ingenieros Leonardo y Adolfo Zeevaert, quienes trabajaron con asesoría del especialista estadounidense Nathan M. Newmark, considerado pionero de la ingeniería sísmica.

El principal reto era levantar una estructura de gran altura sobre el antiguo lecho del lago de Texcoco, un terreno caracterizado por su inestabilidad y alta actividad sísmica.

Para resolverlo, los ingenieros desarrollaron una cimentación innovadora basada en 361 pilotes de concreto colocados a más de 30 metros de profundidad, permitiendo que el edificio mantuviera estabilidad sobre el subsuelo capitalino.

La Torre Latinoamericana también marcó un precedente arquitectónico internacional al convertirse en el primer rascacielos del mundo con una fachada completamente recubierta de vidrio y aluminio, diseño que posteriormente se replicó en otros edificios modernos.

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El edificio que resistió los grandes sismos de México

La fama mundial de la Torre Latinoamericana se fortaleció gracias a su capacidad para resistir algunos de los terremotos más destructivos registrados en México.

En 1957, apenas un año después de su inauguración, sobrevivió sin daños estructurales a un sismo de magnitud 7.9 que provocó la caída del Ángel de la Independencia.

Décadas más tarde, volvió a demostrar su resistencia durante el terremoto del 19 de septiembre de 1985, cuando numerosos edificios colapsaron en el Centro Histórico mientras la torre permanecía intacta.

En el sismo de 2017 nuevamente superó la prueba, registrando únicamente afectaciones menores en algunos cristales de su fachada.

Gracias a estos antecedentes, el edificio se convirtió en un referente internacional de ingeniería antisísmica.

Un sitio cargado de historia en la Ciudad de México

El terreno donde actualmente se levanta la Torre Latinoamericana también posee un importante valor histórico.

Durante la época mexica, la zona formaba parte del zoológico de Moctezuma II. Más tarde, en el periodo virreinal, ahí se estableció el Convento de San Francisco, uno de los complejos religiosos más relevantes de la Nueva España.

Tras las Leyes de Reforma en el siglo XIX, gran parte del convento fue demolido, permitiendo décadas después el desarrollo del proyecto arquitectónico que cambiaría el perfil urbano de la capital.

A siete décadas de su inauguración, la Torre Latinoamericana continúa representando el crecimiento urbano, la innovación tecnológica y la capacidad de adaptación de la Ciudad de México frente a los desafíos naturales.

Su silueta sigue dominando el paisaje capitalino y permanece como uno de los símbolos más reconocidos de la arquitectura mexicana.

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