El templo mormón de CDMX: misterio, arquitectura maya y espiritualidad moderna en San Juan de Aragón
Ubicado al norte de la Ciudad de México, este recinto de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días mezcla simbolismo religioso con un diseño inspirado en las culturas prehispánicas.

El templo mormón de San Juan de Aragón destaca por su arquitectura inspirada en la civilización maya y sus estrictas normas de acceso. Inaugurado en 1983 y remodelado en 2008, este edificio es considerado uno de los más enigmáticos y sofisticados de la capital mexicana.
Un templo distinto en el corazón de CDMX
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Sobre la avenida 510, en la zona norte de la Ciudad de México, se levanta un edificio que llama la atención por su estilo poco común: el templo mormón de San Juan de Aragón. Con una fachada blanca decorada con grecas prehispánicas y una torre que recuerda a las pirámides de Uxmal, el templo fusiona la herencia maya con el simbolismo religioso de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
A diferencia de otras construcciones religiosas, este templo se aleja del neogótico o lo minimalista. Sus elementos arquitectónicos evocan las formas y estructuras de la cultura maya, como las de Chichén Itzá y Uxmal. La torre principal está coronada por una figura dorada del ángel Moroni, una de las figuras clave en el mormonismo. La intención es clara: unir la espiritualidad actual con las raíces ancestrales del territorio.
Una construcción técnica de alto nivel
El templo se sostiene sobre una cimentación flotante, capaz de resistir los frecuentes sismos de la ciudad. Este sistema fue diseñado por el ingeniero Manuel González Flores y se extiende a más de 30 metros de profundidad. El complejo también incluye jardines, dormitorios, una capilla, comedor, tienda y centro de capacitación misionera. Todo esto fue posible gracias a las contribuciones de la comunidad mormona.
Una historia de transformación y renovación
El templo abrió sus puertas por primera vez en noviembre de 1983, con acceso al público durante 10 días antes de su consagración oficial el 2 de diciembre del mismo año. En 2007, se cerró temporalmente para ser renovado por completo. Tras 18 meses de trabajos y una inversión estimada en 85 millones de pesos, reabrió en octubre de 2008.
A diferencia de otras iglesias cristianas, este templo no permite el ingreso libre al público. Solo los fieles considerados “dignos”, evaluados por su comportamiento, fe y aportaciones económicas, pueden acceder. Esta política ha despertado curiosidad y especulaciones en torno a los rituales que se realizan en su interior, pues ni todos los miembros mormones tienen libre acceso a las zonas más sagradas.
Aunque el acceso está limitado, el templo puede contemplarse desde el exterior. Su diseño lo convierte en una joya de la arquitectura religiosa contemporánea en México. En él convergen el legado indígena, la tecnología moderna y una fe originada en Estados Unidos, creando un espacio de reflexión espiritual y de interés arquitectónico por igual.