Opinión

Estados Unidos llega a las urnas: qué resultados esperar y por qué

Visión Compartida por Víctor José López Martínez

Opinión | 01/11/2026| 23:56

El 3 de noviembre Estados Unidos renueva los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado, 33 por calendario ordinario y dos por elecciones especiales. El Partido Republicano llega con 53 senadores frente a 47 y con una mayoría en la Cámara de apenas un puñado de escaños, la misma que obtuvo en 2024.

El voto genérico para el Congreso favorece a los demócratas por alrededor de ocho puntos; el Cook Political Report proyecta que la oposición recuperaría la Cámara con entre 227 y 240 escaños, lo que sería su mayoría más amplia desde 2009; y los modelos agregados le asignan cerca de 80% de probabilidad en la Cámara y alrededor de 60% en el Senado, donde necesitaría ganar cuatro escaños netos. Con esos números sobre la mesa, la pregunta que domina la última semana de campaña es una sola: ¿y si las encuestas vuelven a equivocarse?

La pregunta tiene fundamento histórico. En las tres elecciones presidenciales en que el Presidente Donald Trump ha competido, el promedio final de encuestas subestimó el voto republicano en 3.8 puntos porcentuales, según la serie del analista Nate Silver. En 2016 los sondeos nacionales daban a la candidata Hillary Clinton una ventaja de poco más de tres puntos y ganó el voto popular por 2.1, un error dentro de lo habitual, pero en Wisconsin, Michigan y Pensilvania el desfase alcanzó seis y siete puntos y eso decidió la presidencia.

En 2020 el error nacional fue de 3.9 puntos, el mayor en cuarenta años: el Presidente Joe Biden ganó por la mitad de lo que anticipaban las encuestas y la senadora Susan Collins, a quien todos los sondeos de Maine daban por perdida, fue reelecta por nueve puntos. En 2024 la subestimación volvió a rondar los 2.5 puntos.

La explicación que ha documentado la Asociación Americana de Investigación de Opinión Pública es la no respuesta diferencial: el votante del presidente Trump, en particular el votante blanco sin título universitario participa menos en las encuestas y queda subrepresentado en las muestras por más que se pondere.


Lo que suele omitirse en el debate es la otra mitad del registro. El error aparece cuando el Presidente Trump está en la boleta y se desvanece cuando no lo está. En las intermedias de 2018 las encuestas anticipaban una ventaja demócrata de unos siete puntos y el resultado fue de 8.6. En 2022 ocurrió lo contrario de lo que se temía: los promedios, influidos por una oleada de sondeos partidistas de última hora, anunciaban una ola roja, y los republicanos ganaron la Cámara por nueve escaños mientras los demócratas conservaban el Senado.

En noviembre de 2025 las elecciones de gobernador en Virginia y Nueva Jersey arrojaron márgenes demócratas de dos dígitos, muy por encima de lo que medían las encuestas, y en las elecciones especiales de estos dos años los candidatos demócratas han superado con regularidad los márgenes del Presidente Trump de 2024 en los mismos distritos. En las intermedias celebradas desde 2016 el sesgo promedio de las encuestas ha sido de 0.2 puntos en contra de los demócratas, estadísticamente nulo. La lección es que la fuerza electoral del Presidente Trump es personal antes que partidista: moviliza a su votante cuando su nombre aparece en la boleta, y esa movilización no se transfiere de manera automática a su partido.

Los fundamentos estructurales apuntan en la misma dirección, con los matices que exige la prudencia. El partido en la Casa Blanca ha perdido escaños en la Cámara en todas las intermedias de las dos últimas décadas, y la serie histórica de Gallup muestra que las presidencias con aprobación por debajo de 50% pierden en promedio cerca de 37 asientos.

El presidente Trump llega a esta elección con una aprobación en el rango de los cuarenta puntos bajos, la menor de sus dos mandatos, y con una evaluación aún más baja en el manejo de la economía, donde pesan los precios de la energía. En favor de los republicanos juegan una ventaja financiera considerable en la recta final, un mapa senatorial favorable y los nuevos distritos aprobados a mitad de década en ocho estados, encabezados por Texas con cinco escaños adicionales, que podrían proteger hasta dieciséis asientos; los demócratas respondieron con nuevos mapas en California y Utah que podrían rendirles seis.

El cálculo tiene un riesgo conocido por cualquier cartógrafo electoral: ampliar el número de distritos ganables adelgaza los márgenes de los que ya se tenían, y en un año adverso esos distritos son los primeros en quedar en riesgo.

Con esos elementos, un ejercicio prospectivo honesto admite tres escenarios. Si las encuestas aciertan dentro de su margen habitual, los demócratas obtienen entre 225 y 240 escaños en la Cámara y el Senado se decide en siete estados: Texas, donde el demócrata James Talarico aparece por delante del procurador Ken Paxton y un candidato de su partido vuelve a ser competitivo en todo el estado por primera vez desde 2018; Ohio, con el regreso del exsenador Sherrod Brown en la elección especial; Maine, Iowa, Kansas, Alaska y Michigan.

Si el error se repite en dirección republicana con la magnitud normal de dos puntos, los demócratas se quedarían con alrededor de 229 escaños y el Senado terminaría en 50 ó 51 asientos para ellos, es decir, en el filo. Solo un error del tamaño del de 2020 permitiría a los republicanos conservar el Senado y acaso la Cámara, y los modelos le asignan a ese escenario menos de uno en diez. El escenario simétrico, un error en dirección demócrata como el de Virginia y Nueva Jersey hace un año, produciría la mayoría opositora más amplia desde la elección del Presidente Barack Obama.

Para México la lectura es directa. El escenario más probable es un gobierno dividido durante los dos últimos años del Presidente Trump, con una Cámara que recupera las facultades de investigación, de presupuesto y de veto sobre cualquier modificación sustantiva del T-MEC en plena revisión conjunta. El Senado será la variable que defina si esa división es parcial o total, y por eso Texas y Maine importan en Palacio Nacional más de lo que parecería a primera vista.

La noche de la elección ofrecerá tres señales tempranas: el margen del voto genérico frente a los ocho puntos anunciados, el resultado de la senadora Collins en Maine como termómetro del error histórico, y Texas como medida de hasta dónde llega la marea. Leer a Estados Unidos con datos y con historia, sin deseo y sin temor, es la única forma de prepararse para el Congreso que negociará con nosotros a partir de enero. Esa es la visión compartida que este tiempo exige.

Artículos Relacionados

Te puede interesar
Close
Back to top button