¿Cómo es la isla de Kharg? El enclave petrolero iraní atacado por EE. UU.
Tras el bombardeo ejecutado por el Comando Central de Estados Unidos, la atención global se centra en esta pequeña isla coralina que gestiona el 90% de las exportaciones de crudo de Irán.

El panorama en Medio Oriente ha alcanzado un punto crítico tras las declaraciones del presidente Donald Trump este viernes 13 de marzo de 2026. Según el mandatario, las fuerzas del Comando Central de Estados Unidos llevaron a cabo “uno de los bombardeos más poderosos de la historia” sobre la isla de Kharg, un punto estratégico vital para la economía de Teherán. El ataque, que según Washington se limitó a objetivos militares, aeroportuarios y pistas de aterrizaje, surge como respuesta a la interferencia iraní en el transporte marítimo del Estrecho de Ormuz, marcando una escalada bélica de consecuencias impredecibles.
Geografía y relevancia de la isla de Kharg
Conocida coloquialmente como la “isla prohibida”, la isla de Kharg es una formación coralina de apenas 24 kilómetros cuadrados situada en el norte del Golfo Pérsico. A pesar de su reducido tamaño, su ubicación a 20 kilómetros de la costa iraní y sus aguas naturalmente profundas la convirtieron, desde mediados del siglo XX, en la terminal marítima más importante del país. Según datos de la Agencia de Información Energética de EE. UU., esta infraestructura tiene la capacidad de cargar hasta 7 millones de barriles diarios, consolidándose como la “joya de la corona” del régimen islámico.
El motor económico de las exportaciones iraníes
La importancia de la isla de Kharg radica en su función logística casi monopólica dentro del sector energético iraní. Por este enclave transita aproximadamente el 90% del petróleo que Irán vende al mercado internacional, teniendo como principal destino a China. Además del crudo, la isla es un centro neurálgico para el envío de:
- Fertilizantes de sulfato.
- Gas líquido.
- Derivados petroquímicos diversos.
Históricamente, la isla de Kharg ya ha sido escenario de devastación; durante la guerra contra Irak en los años 80, sus instalaciones fueron prácticamente destruidas, obligando a una reconstrucción masiva que hoy vuelve a estar bajo amenaza. Aunque el gobierno estadounidense afirmó que “por respeto” no destruyó la infraestructura petrolera en esta incursión, el control militar sobre sus pistas de aterrizaje y defensas aéreas deja al motor económico de Irán en una situación de vulnerabilidad extrema.




