Opinión

Guía de la elección intermedia de Estados Unidos de América

Visión Compartida por Víctor José López Martínez

Opinión | 11/10/2026| 20:55

Se les llama elecciones intermedias porque caen a la mitad del mandato presidencial de cuatro años. La Constitución de 1787 dispuso que los representantes duren dos años, de modo que la Cámara entera se somete al voto con esa frecuencia, y que los senadores duren seis, renovándose por tercios. Este año corresponden 33 asientos del Senado, más dos elecciones especiales en Ohio y Florida para cubrir los que dejaron el vicepresidente Vance y el secretario de Estado Rubio. El diseño es deliberado: una cámara cercana al humor del momento y otra protegida de él.

Cada cámara tiene facultades propias. En la de Representantes nacen las leyes de ingresos, y la mayoría decide qué se vota, qué se investiga y a quién se cita a comparecer. El Senado confirma a jueces, embajadores y secretarios, ratifica tratados y exige en la práctica 60 votos para aprobar casi cualquier ley, por la regla que permite a la minoría prolongar el debate. Quien controla una sola cámara no gobierna, pero puede impedir que el otro lo haga a solas.

La historia de estas elecciones es notablemente regular. El partido del presidente ha perdido escaños en la Cámara en 13 de las últimas 15 intermedias, y en el Senado en nueve. Le ocurrió a Obama en 2010, a Trump en 2018 y a Biden en 2022. El elector de oposición acude con más ánimo que el satisfecho, y una parte del electorado independiente usa la mitad del mandato para equilibrar el poder. Un país fundado sobre la desconfianza hacia el poder concentrado tiende a repartirlo cada dos años.

Los datos de hoy siguen esa pauta. La aprobación del presidente Trump ronda en el 40%. En la llamada boleta genérica, la pregunta de encuesta que mide a qué partido votaría el ciudadano para el Congreso sin nombrar candidatos, los demócratas aventajan por entre cinco y nueve puntos según la casa encuestadora. El costo de la vida encabeza las preocupaciones, y ese tema castiga a quien gobierna. Los mercados de predicción, donde se arriesga dinero y no simpatías, dan a los demócratas cerca de 85% de probabilidad de recuperar la Cámara.

Dos factores obligan a la cautela. El primero es el trazo de los distritos, que en Estados Unidos corresponde a los estados y suele quedar en manos de la mayoría local. Texas redibujó su mapa a media década para trasladar cinco escaños al lado republicano, y California respondió con otro que busca cinco para los demócratas. La aritmética distrital de este año carece de precedente comparable. El segundo es que las encuestas subestimaron el voto republicano en 2016 y en 2020.


El Senado es otra contienda. Los republicanos defienden 22 de los 35 asientos, pero la mayoría están en estados donde ganan con holgura. Los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro para la mayoría; con tres habría empate a 50, y el voto de calidad pertenece al vicepresidente.

Los calificadores independientes mantienen como cerradas las contiendas de Maine, Ohio, Iowa, Alaska y Texas entre los asientos republicanos, y la de Michigan entre los demócratas. Texas no ha tenido un senador demócrata en más de treinta años, y su presencia en esa lista describe el ambiente mejor que cualquier promedio. Los mercados cotizan el control del Senado casi como un volado.

De ahí salen tres escenarios. Si los republicanos conservan ambas cámaras, el presidente tendrá dos años más de agenda legislativa y habrá roto la regla histórica. Si los demócratas ganan solo la Cámara, el desenlace que hoy se considera más probable, habrá gobierno dividido: presupuesto negociado partida por partida, comisiones de investigación y legislación de fondo detenida. Si ganan también el Senado, se añade el control sobre las confirmaciones. En los tres casos el titular del Ejecutivo es el mismo hasta enero de 2029.

Para México, la primera lectura es de continuidad. La Constitución estadounidense entrega al Congreso la facultad de regular el comercio exterior, pero el Congreso la ha delegado por décadas en el presidente, y el giro hacia la protección de la industria propia es compartido por ambos partidos. El T-MEC se aprobó en la Cámara por 385 votos contra 41 y en el Senado por 89 contra 10. La rivalidad con China, la política industrial y la seguridad fronteriza seguirán en la agenda con cualquier resultado.

La segunda lectura es de interlocución. El tratado quedó sujeto a revisiones periódicas que pasan por consultas con el Congreso, y un cambio de mayoría renueva las presidencias de las comisiones que supervisan el comercio. Los estados que definirán el Senado dependen además del intercambio con México: Texas tiene en nuestro país a su primer mercado de exportación, el maíz de Iowa encuentra aquí a su mayor comprador, y la industria automotriz de Michigan y Ohio funciona con cadenas que cruzan la frontera varias veces.

La Presidenta Claudia Sheinbaum ha conducido el trato con Washington bajo un principio de respeto institucional hacia quien el electorado estadounidense decida. Ese método sirve en los tres escenarios, y se completa con presencia constante en el Capitolio y en las capitales estatales, con ambos partidos. Conocer con exactitud cómo decide el vecino es parte de la visión compartida que este tiempo exige.

Artículos Relacionados

Back to top button