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Pequeñas frustraciones

CONSTELACIONES LECTORAS - Rosely E. Quijano León

Opinión | 29/09/2026| 21:10

Hace unas semanas pedí por Amazon un libro que no encontraba en ninguna librería de Mérida, y me alegró que llegaría al día siguiente. Pero no fue así, retrasaron la fecha de entrega, volví a esperar el día indicado y de nuevo nada, con la novedad que ya no lo enviarían y me reembolsarían el dinero. Sentí una profunda frustración, como en la niñez cuando te prometían tus papás algo y no te lo cumplían.

Me quedé pensando en todas las pequeñas frustraciones que vivimos a lo largo de la vida y en nuestra cotidianeidad. Y recordé el libro de ensayos “Enciclopedia de las artes cotidianas” de Laura Sofía Rivero, donde convierte pequeñas cosas y sucesos cotidianos en una gran reflexión y conversación con ella misma y con sus lectores, nos plantea situaciones que a todos nos pasan, pero que en esta inmediatez en la que vivimos ni siquiera nos detenemos a pensarlas.

Y es que las frustraciones son parte inevitable de la vida, como los pequeños fracasos o los errores que cometemos. Pero de todos ellos creo que las frustraciones son los que más nos ocasionan cansancio, agotamiento y desgano.

No salir como quisieras en una foto, que la App de tu banco no funcione el día que más lo necesitas, que nadie te responda un mensaje en los grupos de WhatsApp, que tu serie favorita no tenga siguiente temporada; seguir la dieta, hacer ejercicio y la báscula siga igual o no conseguir por ningún lado la comida favorita de tus gatos.

La acumulación de pequeñas frustraciones nos desmotiva, porque finalmente la frustración es esa sensación negativa que sentimos cuando no obtenemos lo que queremos o esperábamos, y en algunos casos nos desanima o nos pone tristes.


Pero aquí sólo hablo de las pequeñas, las que casi nadie cuenta, las que se quedan suspendidas en el aire, las que solo a nosotros nos afecta y a otros pueden parecerles triviales o sin sentido.

A mí me frustra, por ejemplo, cuando en las mañanas llego y veo que está descompuesta mi máquina favorita de capuchinos en la tienda y tengo que tomar otro que no me gusta. Me frustra pasarme horas pensando y no poder escribir ni un párrafo porque no se me ocurre nada relevante que decir. Me frustro cuando acaba el día y no hice todo lo que planeé.

En los ensayos de Laura Sofía Rivero hay uno especialmente que detonó esto que ahora escribo, donde cita estos versos del poema “Autorretrato” de Rosario Castellanos: “Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo el último recibo del impuesto predial”. Porque sí, ¿quién no llora de frustración haciendo trámites burocráticos o pagando impuestos en el SAT?

Me frustro por no poder leer todo lo que quisiera, y también por no poder apagar por un buen rato el celular. Me frustra que el tiempo pase tan rápido, y que la gente que aprecias mucho se vaya alejando. Es frustrante ser siempre la que quiere mantener vínculos de amistad que no son recíprocos. Y es muy desgastante querer estar siempre disponible para ellos.

También siento una enorme frustración por no poder ayudar a los perritos de la calle, y manejar con el horrible tráfico y la mala educación vial, o caer en uno de tantos baches que hay en esta ciudad.  Y con la edad tal vez llegan nuevas frustraciones, como ya no poder leer sin lentes o no poder usar mis tacones favoritos.

Todos esos pequeños fracasos o frustraciones cotidianas imperceptibles para los demás son, a decir de Laura Sofía, las que más duelen. “No matan, pero punzan con agudeza”, pero cuando se revierten, es decir, cuando sí funciona la máquina de cappuccino, cuando llega tu pedido a tiempo, o alguien muy amable te ayuda con un trámite, esas pequeñas frustraciones se convierten en pequeños triunfos o alegrías. De esas tendríamos mejor de que hablar.

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