Flores, dragones y algo más…

Hay algo muy poderoso en la vida de las arañas: cada mañana tejen, aunque no tengan ninguna certeza de que su red permanecerá. El viento puede destruirla, puede no caer ninguna presa y, sin embargo, teje. No porque tenga la seguridad de que esta vez funcionará, sino porque tejer es lo que le corresponde hacer. La enseñanza no es simplemente “seguir adelante”, nos invita a aprender a vivir sin exigirle al mundo que nos garantice un resultado.
Tal vez una de las grandes trampas de nuestra vida sea creer que tenemos que controlar el resultado para poder comprometernos con el camino. Queremos saber que valdrá la pena antes de entregar nuestro esfuerzo, nuestro amor, nuestra confianza, pero la vida no funciona así.
Hay cosas que hacemos bien y aun así se pierden, personas que amamos y se van, proyectos que construimos y no suceden, puertas que creíamos definitivas y terminan cerrándose, versiones de nosotros mismos que tuvimos que dejar morir. Y entonces aparece una pregunta difícil: ¿Qué hacemos cuando la vida no respeta el resultado que habíamos imaginado?
Podemos quedarnos mirando los hilos rotos, podemos pasar años reconstruyendo mentalmente lo que ocurrió, imaginando qué habría sucedido si hubiéramos elegido distinto, si aquella persona hubiera permanecido, si aquella oportunidad no se hubiera perdido o podemos comprender algo mucho más incómodo: El pasado no necesita ser reparado para que nuestra vida pueda continuar.
Hay pérdidas que no se resuelven, hay preguntas que no tienen respuesta, hay cosas que no regresan y aceptar esto no significa resignarse, significa dejar de gastar nuestra vida intentando negociar con aquello que ya ocurrió.
Quizá la libertad comienza justamente ahí: cuando dejamos de confundir aceptación con derrota. Aceptar que el viento sopló no significa dejar de tejer, significa no malgastar el presente deseando que el viento no hubiera soplado.
La araña no necesita saber de dónde vendrá su próximo alimento, no necesita controlar el viento, no necesita garantizar que su próxima red sobrevivirá, Solo necesita volver a hacer aquello que la vida le pide hacer y quizá nosotros tampoco necesitamos tener resuelto el futuro, necesitamos preguntarnos:
¿Qué me corresponde hacer hoy, aunque no pueda garantizar lo que vendrá después?
Amar.
Perdonar.
Crear.
Volver a empezar.
Pedir ayuda.
Soltar.
Estar presente.
Hacer una nueva elección.
La vida puede mostrarnos esto con una claridad que a veces la mente no consigue alcanzar: no venimos a controlar la vida; venimos a aprender a relacionarnos con ella y tal vez ahí esté una de las formas más profundas de confianza, no confiar en que todo saldrá como queremos, confiar en que, cuando algo se rompa, podremos volver a tejer.
Porque nuestra fuerza no está en conservar intacta la red.
Está en nuestra capacidad de volver a crear después de que el viento se la llevó.
¡Dedicado a ti mami en tu primer cumpleaños en el cielo! ¡Y a todos los que seguimos construyendo nuestra nueva red sin ti!



