Pay de limón: el postre que nunca falla en la mesa mexicana
Aunque su origen no es propiamente mexicano, el pay de limón se adaptó como pocos.

El pay de limón es ese clásico infalible que se ha ganado su lugar en las cocinas mexicanas por simple, fresco y sabroso. Con una base crujiente de galleta, un relleno cremoso con jugo de limón natural y un topping de merengue o chantilly, este postre ha cruzado generaciones sin perder su encanto. Es el final perfecto para una comida casera, una carne asada o hasta una fiesta familiar.
Aunque su origen no es propiamente mexicano, el pay de limón se adaptó como pocos. Su preparación sencilla y sus ingredientes accesibles lo volvieron parte del recetario popular. En muchas casas se convirtió en la receta de la abuela, esa que se hace sin mirar la libreta, al tanteo, con el puro colmillo y cariño.

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Pero no te dejes engañar por lo básico: lograr un buen pay de limón tiene su arte. La clave está en el equilibrio entre lo ácido y lo dulce, y en conseguir una textura firme, sin que se vuelva una gelatina ni se quede aguado. El toque casero, sin pretensiones, es lo que realmente lo convierte en una joya de postre.
Hoy en día se le encuentra en fondas, panaderías, restaurantes y hasta en puestos de mercado. Algunos le agregan coco, frutos rojos o variantes con lima o maracuyá, pero el tradicional sigue siendo el rey. Es ese postre que no busca impresionar… y aun así se roba la atención de todos.

El pay de limón no necesita presentación. Solo una cuchara, un momento tranquilo y la certeza de que, en cada bocado, hay algo que sabe a casa.